Un parteaguas para los futbolistas sonorenses

Sonora

Un parteaguas para los futbolistas sonorenses

Javier, el Jicamita, uno de los futbolistas sonorenses más sobresalientes

El sueño de millones de niños es ser futbolista profesional. Es el deporte más popular del mundo y según el sociólogo francés Cecyl Nazareth, uno de los grandes fenómenos que no han tenido su epicentro en Estados Unidos.

Así que ese sueño aspiracionista que se ha convertido en una ilusión y ensoñación colectiva, transpira esperanza. Ser quizá el próximo Lionel Messi, o Cristiano Ronaldo, o acaso el próximo Raúl Jiménez. En Sonora, el fútbol ha ido creciendo a pasos agigantados en los últimos años y ha abierto un debate que parecía ser una ofensa apenas en los años 90: ¿Cuál es el deporte más popular?

Sonora, tierra de beisbolistas, ha ido dando paso a ser un semillero cada vez más importante de futbolistas que llegan a la esfera profesional. Uno de esos referentes sonorenses y que sirvió como punta de lanza para abrir las puertas fue Javier Acuña, el ‘Jicamita’.

Hijo de Javier “El jícama” Acuña, uno de los jugadores históricos de Sonora (campeón nacional de fútbol amateur en distintas categorías), ‘Jicamita’ tuvo un peso familiar que fungió como motor para llegar a ser un futbolista profesional.

Pequeño, menudo pero con una chispa con el balón de los pies, Javier empezó desde muy pequeño a demostrar su talento. Campeón con ‘Sombrerería El Chero” en las ligas infantiles y campeón nacional en 2005 con Sonora-emulando lo hecho por su padre 30 años atrás), Javier dio el salto a Tigres.

“Siempre fuy desencarado para jugar, me gustaba encarar, driblar, hacer goles”, define su juego Acuña.

Tigres, una de las instituciones futboleras más potentes de México, lo debutó. Lo hizo en el clásico de la ciudad contra Monterrey. Su debut no pudo ser más idealizado y romantizado: Entró de cambio al minuto 60 en un partido empatado y su desparpajo, inocencia y negación del miedo, decantó la balanza para su equipo. 4-1. Un debut soñado que le ganó el mote en las redes sociales y en algunos comentaristas deportivos como el “Messi Acuña”.

Su forma de juego es de esos jugadores que están en peligro de extinción: sus movimientos corporales son fluidos y plásticos, su creatividad con el balón es espontánea y su comprensión del fútbol es natural. Sin embargo, el fútbol mexicano peca de conservador, de cobarde, incluso, como alguna vez llegó a decir el director técnico argentino Ricardo Lavolpe. Hacen de los jugadores jóvenes, autómatas en una especie de juego rígido de ajedrez.

Javier tuvo que esperar mucho tiempo para salir de Tigres, una institución que invierte obscenas cantiades de dinero en jugadores consolidados y que en el medio mexicano se les ha criticado por no darle oportunidad a los jóvenes de su cantera.

Javier tuvo que emigrar a equipos de menor peso mediático: Lobos Buap y Puebla, donde relanzó su carrera de la mano del entrenador Enrique Meza.

Hoy, Javier se encuentra en Canadá. Decidió irse a probar suerte al incipiente fútbol profesional de aquel país, donde el fútbol ocupa un lugar marginal entre las preferencias de sus ciudadanos.

“Estoy bien, ya pasé la línea de los 30 años y también van surgiendo otras prioridades, aquí hay un gran nivel de vida, es otra sociedad, otra cultura y ya estoy en otro punto de mi carrera”, explica Acuña.

A partir de Javier, la cantera sonorense ha sido muy prolífica. De su misma generación está Jesús Molina, multicampeón en diversos clubes y hoy capitán del Club Deportivo Guadalajara, uno de los más importantes-si no es que el más- del país. Jesús Corona, jugador del Porto de Portugal, El ‘niño’ Montes, defensa central de Monterrey, actual campeón del fútbol mexicano; Omar Gómez, recién contratado por el Boavista de Portugal y una lista larga que hace años apenas y se contemplaba.

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