La carrera por la inmunización: ganamos todos o nadie gana

La carrera por la inmunización: ganamos todos o nadie gana

La urgencia de la inmunización contra el virus SARS-COV-2 puso en marcha esfuerzos coordinados a nivel global para desarrollar en […]

La urgencia de la inmunización contra el virus SARS-COV-2 puso en marcha esfuerzos coordinados a nivel global para desarrollar en tiempo récord las vacunas seguras y aplicarlas en un esquema de emergencia.  La cooperación se ha traducido en iniciativas que son fruto de alianzas entre organismos internacionales, sociedad civil y gobiernos nacionales. Es el caso del mecanismo COVAX, promovido por el Acelerador del acceso a las herramientas contra la COVID-19, que busca “acelerar el desarrollo, la producción y el acceso equitativo a las pruebas diagnósticas, los tratamientos y las vacunas de la COVID-19”.

La idea es marchar a un ritmo coordinado a nivel global para evitar el acaparamiento de las vacunas por parte de los países ricos, como enfatizó recientemente el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyes en el marco del inicio de 2021: “Éste es el desafío al que debemos enfrentarnos en el Año Nuevo (…) Las vacunas ofrecen gran esperanza de cambiar el rumbo de la pandemia. Pero para proteger el mundo, debemos asegurarnos de que todas las personas en riesgo en todas partes, no sólo en los países que pueden pagar las vacunas, estén inmunizadas”.

En el fondo se trata de promover activamente la premisa de que “nadie ganará la carrera hasta que todos ganen” (OMS, 2020) y creo que esta metáfora es bien útil para las discusiones que se han detonado en estas semanas en México sobre la exigencia de ciertos sectores de comercializar las vacunas. Un escenario que, considero, sería preocupante debido al riesgo de que un insumo todavía tan escaso se ofrezca paralelamente en el sector privado y no llegue o se retrase para quienes más urgencia tienen de recibirlo. Sin embargo, parece que en esta carrera compartida algunos tienen preferencia por los atajos.

Revitalizar la ciudadanía como identidad que nos vincula es urgente en esta sociedad.

Sin entrar a pruritos conceptuales ni celos académicos, en el núcleo de la noción de ciudadanía se encuentra un sentido de pertenencia de los individuos con su comunidad: la participación en un “nosotros” social-relacional que nos define e identifica. Un relato común que une en causas compartidas. Esta narrativa se complica cuando existen condiciones materiales que distancian física y simbólicamente desde el inicio hasta el final de la vida. El reto del concepto de ciudadanía se hace mayor en un país como México con escandalosas cifras de desigualdad.

Históricamente en este país, el refugio de los privilegiados a los problemas comunes ha sido el amparo de lo privado. De aquí que en esta crisis pandémica que azotó más o menos parejo a la pirámide social resulta particularmente difícil plantear una iniciativa o proponer otra manera de administrar las cosas cuando la ventaja de lo privado (educación, salud, vivienda, etc.) domina el imaginario asociado a lo bien hecho y se considera un premio a la soñada meritocracia.

Sin embargo, las circunstancias nos obligan a pensar distinto: los países con sistemas de salud universales, con capacidades institucionales construidas y consolidadas por décadas han sido más exitosas en el manejo de la pandemia. Considero que lo deseable es que estados sólidos lideren esfuerzos donde coincidan ampliamente los sectores privados y la sociedad civil. Finalmente, esa fue la ruta para el desarrollo de las vacunas.

Esta carrera y las del futuro las ganamos todos o no las gana nadie. Por lo tanto, construir ciudadanía es un trabajo que debe de ser elemental para esta y las próximas generaciones. Solamente un “nosotros” con miras y alcances tanto locales como globales será capaz de sortear los agudos problemas que ya se han instalado en la humanidad y que afectan primero y/o más severamente a sectores más vulnerables, como el caso de la pandemia que vivimos.

En este sentido, un comentario que considero urgente: reformar el cultivo de la ciudadanía desde los centros educativos es fundamental. En las últimas décadas las lecciones de “cívica y ética” o de “valores” han sido manuales de urbanidad, instrucciones para ser buen vecino o catecismo de los símbolos patrios. La ruta para el rescate debe de iniciar desde primeras edades con la vivencia de la solidaridad, la escucha y la empatía acompañada de una fundamentación progresiva del valor de estar juntos.

Mtro. Eduardo Tapia Romero

Eduardo Tapia Romero

Eduardo Tapia Romero

El maestro Eduardo Tapia Romero es director de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Sistema Tecnológico de Monterrey. CSN. Teléfono: 52 (662) 259-10-00, Ext. 2303

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