Mapa musical en el desierto de Sonora

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Mapa musical en el desierto de Sonora

La escena el jazz en Hermosillo ha ido creciendo desde 2015, no sin enfrentarse a grandes obstáculos.

Improvisación. Libertad. También marginalidad. Es el jazz, uno de los géneros más reverenciados y también de los menos escuchados en México y en Sonora. Habituados a la profunda hegemonía de la música comercial y de nuestra propia música regional y sepultada por otros géneros más populares como el rock; el jazz se ha quedado como una música de culto.

La hermosa y complejísima historia del género tiene episodios fundamentales: Su recorrido histórico pasa de ser una música eminentemente popular entre las comunidades afroamericanas, de ser el epítome de las fiestas, del swing de los años 20’s y las big bands a convertirse en una música subversiva y reflexiva; una música que acompaña las tumultuosas luchas sociales por la conquista de derechos humanos, por el soundtrack de la lucha contra el racismo sistémico, y finalmente, en un ejercicio espiritual, de búsqueda y exploración de los límites de la propia música.

Una escena hermosillense

En Hermosillo, desde 2015 ha habido un esfuerzo por parte de varios músicos de crear una escena musical de jazz. Uno de esos músicos fundadores del movimiento de jazz es Cristian Orozco Moreno, líder del colectivo Solaría y de El  Trío Macizo.

“En 2015 con la llegada de varios músicos como Malik Peña, yo mismo empezamos a buscar espacios para poder tocar jazz. No han pasado más de dos meses sin que no hayamos tocado en un concierto, pero ha sido difícil, ir abriendo campo para otro tipo de música. Aún así, casi siempre hemos tenido respuesta positiva de la gente”, señaló Orozco Moreno.

La escena del jazz en Hermosillo consta de alrededor de 30 músicos, un número limitado para construir  una escena amplia, sin embargo, los esfuerzos colectivos e individuales han dado estabilidad y proyección y se han convertido en una opción diferente en la limitada cartelera cultural de la capital sonorense.

“Con Solaría hemos empezado a buscar músicos de fuera, al principio éramos todos juntos, pero con el tiempo se va viendo que no se puede vivir por amor al arte, ahorita estamos buscando músicos que tengan la inquietud para incorporarlos”, explicó.

El jazz es improvisación, es libertad, es los tonos asincopados; un diálogo, como no hay en otro género, entre los instrumentos. Según Michael Sagell, autor de “El cuerno del diablo”, el jazz tiene su microhistoria en México: Se le agregó la técnica del pizzicato en el saxofón y en su historia, se ha mezclado con ritmos como la marimba, el huapango y los ritmos caribeños. Emilio Toussaint, Son Jazz Eros, son grandes referentes del jazz en el país.

“En Sonora tenemos a la Ortquesta del Chino Medina y al propio diputado Luis Mario Rivera, que es un baterista de jazz estudiado en Berkeley, y ahora nosotros, que estamos buscando crear una escena firme y atractiva”.

Un obstáculo llamado pandemia

El jazz es un universo propio dentro de la música: del bebop al hard bop, del free jazz al fusion jazz, los límites del jazz son fronteras borrosas; lo que se toca en Sonora es de alta calidad, composiciones de jazz moderno y tradicional, la exploración de los límites entre géneros y una improvisación absolutamente libre.

La pandemia ha detenido esos planes: Se ha cebado en los músicos y como la vieja pregunta filosófica empírica de “Si cae un árbol en medio del bosque y nadie la escucha, realmente pasó”, ¿si no hay público realmente hay música?

“Ha sido un año muy malo para nosotros porque no hemos podido presentarnos, para el festival de Jazz donde contemplábamos traer músicos argentinos, de otros estados, ya no pudimos por la pandemia y hemos tenido que buscar otras opciones”, señaló.

Gran parte en la construcción de la escena de jazz en Sonora pasa por la creación de auditorios: El jazz por antonomasia ocupa de un proceso más complejo. Contrario a la música comercial que entra y se digiere fácil por el cerebro que encuentra de inmediato la armonía, el jazz ocupa un ejercicio mucho más reflexivo y que obliga a la creación de un diálogo interno. Los tonos asincopados, las escalas musicales tienen mucha mayor flexibilidad y complejidad y por ende, es una música algo menos condescendiente con el auditorio.

“A los que tengan la inquietud de empezar con el jazz les diría que empezaran con los clásicos, con Louis Armostrong, Duke Ellington, Billie Holiday y poco a poco irse sumergiendo en la rica historia del jazz”.

Cristian Orozco, jazzista

Thomas Adorno, el filósofo ícono de la escuela de Frankfurt, tenía una guerra abierta con el jazz: lo calificaba de una música menor, primitiva. Sin embargo, con el correr de los años, el jazz pasó por un proceso colonizador, quizás orgánico, y con una escición entre la costa este y oeste de Estados Unidos. La costa oeste fue una escuela donde los músicos de raza blanca empezaron a dominar la escena de esa región; hubo mezclas del jazz con la música clásica. El jazz de la costa este, seguía siendo predominantemente afroamericana y liderada por Miles Davis, se convertía en una música de mucha mayor libertad, de improvisación salvaje, un viaje interno que servía de metáfora.

Esta tensión ha seguido hasta la fecha con el agregado de un relato mediático donde el jazz es una música de culto, erudita. La realidad es diferente. El jazz es música emanada desde la opresión.

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