La vida sigue, Hermosillo y su vuelta a la normalidad

Pese a que la capital sonorense aglomera el 50 por ciento de casos de Covid-19 en Sonora, la dinámica urbana ha regresado

La ciudad y sus retratos

Pese a que la capital sonorense aglomera el 50 por ciento de casos de Covid-19 en Sonora, la dinámica urbana ha regresado

Fotografía: Cecilia Saijas.

Poco a poco la normalidad va llegando a Hermosillo. Si bien la capital sonorense es el gran epicentro de la epidemia en la entidad, la vida parece ir tomando su curso hacia una nueva normalidad tan ambigua como esquiva conceptualmente.

El tráfico ha incrementado: Las avenidas ya tienen un flujo de automóviles que zigzaguean los baches en la deficiente pavimentación urbana y las personas han vuelto poco a poco a poblar, de manera activa las calles. En el centro de la ciudad, motor de la economía-formal e informal-, se ha visto un regreso paulatino.

Según los reportes de movilidad que ofrece Google, Hermosillo ha ido presentando un incremento en el flujo de personas de casi 34 por ciento, comparada con el mes de julio. Es compleja la situación: debido a la economía informal en la que se sostiene el 54 por ciento de la población, el confinamiento estricto es una sentencia de hambre. Por eso, la gente sale a trabajar, aún con los riesgos de esa amenaza invisible y minúscula.

Jorge, un trabajador de un negocio de miscelánea, señala que ha sido en las últimas dos semanas donde sus ventas han ido levantando. Eso sí, fuera de su tienda hay un letrero brilloso donde dice que no se permitirá el paso a personas sin cubrebocas. Esto es la nueva normalidad, al menos en su forma más tangible.

El transporte urbano también ha ido subiendo su capacidad. Las filas en las paradas que más aglomeran gente hacen caso omiso a la sana distancia pero aún no se ven camiones abarrotados, como carros-sardina, que eran hace apenas unos 5 meses, antes de que la pandemia tergiversara la lógica mundial.

Hermosillo empieza a sus rutinas, no excento de un uso mayoritario de los cubrebocas. Habrá personas que aún no sepan usarlo-esas mascarillas por debajo de la nariz, dejando a ésta libre- pero se ha concebido como un requisito esencial en esta realidad postpandémica.

Irene, va saliendo a las afueras del Mercado Municipal, trae algo de mandado. En casa, tiene a tres hijas y dos nietos, varados por esta contingencia y la falta aún de escuela.

“Tengo que llegar a cocinarles porque si no, mis hijas llegan muy tarde del trabajo”, señala Irene. No hay pandemia que valga: la mecánica y dinámica de las ciudades en México, ahogadas en desigualdades, no se detiene.

Fotografía: Cecilia Saijas.

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