La indigencia, un problema eterno

La indigencia, de forma lógica, es la consecuencia del fracaso de los programas sociales gubernamentales

iNDIGENCIA

La indigencia, de forma lógica, es la consecuencia del fracaso de los programas sociales gubernamentales –sean la instancia que sean- y de cierta indiferencia civil que ha hecho que “Los olvidados” sigan martillando en nuestras conciencias. La indigencia-o población en condición de calle- es el paroxismo de la pobreza extrema.

A principios de año, La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó  el informe “Panorama Social de América Latina 2019” (el último en realizarse), en el que destaca que mientras la mayoría de los países del área abatieron los índices de pobreza e indigencia en los últimos siete años, México fracasó en su cometido.

Según datos oficiales, en 2012 aproximadamente 31.7% de los mexicanos eran pobres y 8.7 indigentes. Seis años después, en 2018, las cifras repuntaron considerablemente al reportarse 37.1% de pobres y 14.2% de indigentes.

La CEPAL le pone números a estos porcentajes:  alrededor de los 44 millones de mexicanos que viven en pobreza multidimensional (es decir con 3 ó más carencias de los parámetros que fija el estudio), 15 millones viven en condición de calle. Esto en un país de 130 millones toma un cariz dramático y expone el fracaso del proyecto de nación.

Resulta una obviedad decir que la distribución de la riqueza en México es la materialización de la desigualdad y que uno de los principales motivos para el retroceso de la política mexicana en los programas de desarrollo social sea el estancamiento del salario mínimo conjugada con la inflación en los precios de la canasta básica, pese a que ha habido un incremento en los programas sociales de la actual admnistración federal.

Definir la Indigencia- Población de calle

La población callejera es un grupo social diverso, conformado por niñas, niños, personas jóvenes, mujeres,  familias, personas adultas mayores, personas con discapacidad y otras con diversos problemas de salud y adicciones. En general el término se refiere a toda persona o grupos de personas con o sin relación entre sí, que subsisten en la calle o el espacio público utilizando recursos propios y precarios para satisfacer sus necesidades elementales. El término “poblaciones callejeras” se usa para nombrar “a quienes comparten  la misma red social de sobrevivencia y en conjunto han gestado una cultura callejera.”

Una definición más amplia incluye no sólo al status de la vivienda sino a la condición general que conlleva un fenómeno asociado al fenómeno de la pobreza extrema en las ciudades, siendo preciso puntualizar que se trata de un grupo poblacional que se caracteriza por ser heterogéneo en su composición, teniendo en común la extrema pobreza, los vínculos familiares quebrados o fragilizados, y la inexistencia de vivienda convencional regular, factores que obligan a estas personas a buscar espacios públicos (calles, veredas, plazas, puentes, etc.) y áreas degradadas (edificios, coches abandonados, etc.) como espacio de vivienda y subsistencia, de manera temporal o permanente, utilizando para pernoctar lugares administrados institucionalmente como albergues, o casas de asistencia, además de diferentes tipos de viviendas provisorias.

George Bernard Shaw:

“El mayor pecado contra nuestros semejantes no es odiarlos, pero el demostrar indiferencia hacia ellos; esto es la esencia de la inhumanidad”.

Sueños maltrechos

A la indigencia, como a Roma, se llega por diferentes caminos. Desde la tragedia más atosigante, las malas decisiones personales o la entrega carnal a los vicios, hasta a algo más estructural como lo es la estática de un modelo social poco dado a permitir cambiar de clase.

Otro fenómeno íntimamente ligado a la indigencia-y a su consecuente engroso de cifras- es la inmigración y la movilización de personas en busca de la esperanza de una mejor vida. Es natural en todo ser humano la añoranza de un mejor futuro, que presente opciones de desarrollo. Es el caso de Luis Alberto Rodríguez, oriundo de Costa Rica, Guerrero, un poblado bucólico y natural anclado en la llamada Tierra Caliente, mítica zona del Pacífico mexicano que idealizó el escritor José Agustín.

 Luis Alberto, de 40 años, carga a sus espaldas una mochila negra deshilachada y renquea. Usa una gorra y una camiseta de la candidatura de algún político para la Presidencia Municipal de hace 3 años. Su rostro delata una melancólica desesperación, de esas que obligan a presenciar el final de los tiempos parapetados en un rincón, sin molestar. Con un tenue hilo de voz, grave y poco melodiosa, confiesa que lleva más de dos meses varado en Hermosillo. Su historia raya en la repetición narrativa: un relato por el cual pasan miles de docenas de mexicanos-y centroamericanos- al año: la búsqueda del utópico American Dream.

Luis Alberto, que se agarra el brazo con un gesto de profundo dolor, llevaba poco más de dos años trabajando en diferentes truckspots de las carreteras norteamericanas de Arizona, bien sea poniendo cercos y láminas, bien sea haciendo tareas de intendencia, fue deportado por lo que él llama con cierto temor “La Migra”. Vivía con otros ‘paisanos’ y se cuidaban entre ellos, compartían habitación, gastos y nostalgias por la tierra que dejaron al sur del Río Bravo. Hasta que una noche apareció “La Migra”, fantasmal y vehemente, con el pragmatismo típico de la cultura norteamericana.

De acuerdo con la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte y Sur de México (Emif Norte y Emif Sur), alrededor de 214 mil 400 mexicanos y 114 mil 300 centroamericanos fueron retornados por autoridades migratorias en 2017, es decir, 328 mil 700 migrantes fueron retornados durante ese periodo.

214 mil 400 mexicanos que al igual que Luis Alberto, se encuentran en la frontera sin papeles ni dinero, con sólo la memoria de un lugar al que pertenecieron en algún pasado borroso.

 El hombre oriundo de Tierra Caliente, dice desconocer cuánto tiempo estuvo encerrado, comprende que era un riesgo y desdramatiza la situación reconociendo que ellos sólo hacen su trabajo. Dentro de todo, recibió un trato digno de todos los oficiales y burócratas con los que tuvo contacto y hasta su viaje a Nogales-donde lo dejaron sólo con la ropa que traía puesta esa noche incauta- no comprendía las repercusiones del evento por el que estaba atravesando. Su travesía de Nogales a Hermosillo fue una pequeña odisea-como el mitológico Ulises- de la que prefiere no hacer comentarios.

Su vida en Hermosillo, en cambio, reviste más dificultades de las que esperaba. Camina todo el día con su mochila, renqueando de su pierna y sobándose su antebrazo izquierdo. Tocando puertas de casas-preferentemente en Residenciales porque su lógica indica que hay más posibilidades ahí- y ofreciéndose a lavar los automóviles, a barrer patios o cuando se siente físicamente imposibilitado, abatido por el inclemente clima hermosillense, a pedir dinero para comprar su pasaje a su Costa Rica, Guerrero.

 No ha tenido suerte porque los gastos del día a día son complicados. En el albergue donde normalmente duerme, le cobran 40 pesos por pasar la noche y no le dan alimento. Luis Alberto sostiene que, incluso, no está en disposición de exigir mucho más pues dicho albergue pertenece a una institución médica y que lo considera un favor. El dolor del antebrazo es porque le picó una araña ubari, el área de la picadura ya ha crecido bastante y los colores de la piel en esa área han cambiado, incluso se puede observar una leve necrosis en el tejido. Dice que no lo han atendido a cabalidad y sólo le dieron un antibiótico y un analgésico más la indicación que mantuviera el miembro dañado levantado.

 “Sigo sintiendo mucho dolor”, confiesa con esa expresión de profunda desesperanza y esa voz melancólica que apenas se hace audible. Luis Alberto es el epítome de los sueños maltrechos del American Dream, esa realidad a menudo escondida o maquillada por la opulencia mercantilista y es uno más de esas historias que con frecuencia se quedan en el anonimato más ignominioso. El hombre que cojea y que constantemente se agarra el antebrazo para paliar el dolor, sigue su camino en busca de conseguir el dinero suficiente para volver a Costa Rica, Guerrero.

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