Imanol Caneyada, un nómada literario

El laureado escritor volvió a ser noticia por llevarse el premio nacional José Rubén Romero. En entrevista para Diario Valor, desenmaraña su pensamiento.

Imanol Caneyada ha pasado sus últimos años coleccionando triunfos literarios y publicando sus libros. El escritor vasco-sonorense, cuyo acento y tono de voz tiene aún un rastro del típico siseo español conjugado con el tono bronco que se le presume a los sonorenses, ha vuelto a ganar un premio, ahora el Rubén Romero por su novela Nómadas.

Del cuento, al ensayo, a la novela. Imanol ha ido explorando nuevos géneros y sobre todo, nuevas estructuras y formas narrativas. Su anterior novela, 49 cruces blancas, fue un sentido y devastador relato sobre la tragedia de la Guardería ABC.

Imanol tiene una prosa inconfundible: directa, sórdida, lacerante y punzante, reflejo fiel de su concepción del mundo. Ha pasado de la novela negra a retratos de la cotidianidad mexicana, siempre envuelta de tensión entre lo mórbido y las pequeñas resistencias que condenan la existencia del mexicano.

Pero en su nueva novela ganadora, Caneyada ha pasado a la distopía. Un género nuevo que entra de cabeza a la ficción especulativa y que permite que la imaginación se libere y deje de ceñirse a los paradigmas de nuestra realidad inmediata.

“En cuento ya había hecho fantasía y distopía, pero en novela, no. Todo era muy realista y muy en el presente. Esta novela surge como una búsqueda, una exploración de muchas cosas, es una ficción especulativa y que se aleja de lo que venía haciendo”, señala el literato.

Imanol Caneyada, escritor

Si se puede encontrar un hilo conductor en la estética del escritor vasco-sonorense, es su compromiso político: No rehuye de narrar y retratar temas complejos, políticos, que desarticulan y deconstruyen los fenómenos que nos atraviesan. En Nómadas, pese a su género, no es la excepción.

“Yo considero que todo texto es político. En Nómadas, al construir un universo distópico, planteada a 30 años, construir un universo inexistente implica construir sus mecanismos sociales, históricos y políticos. Hay una parte de la novela que tiene que ver con el juego que hago en pensar que la democracia está amenazada, por el hartazgo, el vacío conceptual, la indiferencia de la población nos puede llevar a convertirnos en totalitarios y neofascistas, en la novela, encabezado por un poeta y adivino, dos charlatanes que aprovechan que la democracia se ha desdibujado en contenidos. Pero finalmente, la novela busca ser un canto a la amistad, al amor y a la utopía”, relata Caneyada.

Imanol Caneyada, escritor

Desde Philip K. Dick a Bradbury, de Orwell a LeGuin, las distopías nos han ido enseñando que no son productos de mentes febriles e hiperactivas, sino posibles advertencias de un futuro que se antoja lógico. El avance de los movimientos de extrema derecha, de agrupaciones que abogan por construcción de etno-estados, son fenómenos que han ido ganando más adeptos en el presente y que no es descabellado pensar en una erosión democrática.

Un cambio de tuerca

Pasar de una novela de una realidad lacerante y emotivamente cortante como lo fue 49 cruces blancas a una distopía que ocupa de la creación de todo un universo nuevo, fue una forma de despejarse para Caneyada, de encontrar ese sentido lúdico en la literatura.

“Era necesario alejarme de esa realidad lacerante, escribir sobre temas y personajes que nos retratan en nuestra inmediatez y poder jugar, explorar y disfrutar una realidad que no implica ningún diálogo con la realidad inmediata y permite divertirse. Fue un ejercicio enorme de diversión. Sentía que tenía que alejarme un poco de esta idea de la mímesis de la realidad, aunque, toda distopía no deja ser una especie de advertencia”, señaló.

Imanol Caneyada, escritor

Para crear este universo nuevo donde se relata, como una crónica histórica-el narrador está 70 años adelante- del ascenso del movimiento totalitario, los efectos de las industrias extractivistas- la génesis de la idea según el escritor está en lo ocurrido en el Río Sonora-, se empapó en tres obras que le permitieron darle una estructura a la realidad de su novela: la obra de Paul Beatriz Preciado, un escritor español; la obra intelectual del historiador y ensayista Noah Harariri y Enjambre, del filósofo coreano-alemánByung Chul-Han, donde cuestiona el entramado de la virtualidad.

El compromiso del escritor

Como no podía ser de otra manera, el tema de la política y el lugar del escritor en ella, es un tema que reluce. Desde Jean-Paul Sartre, la deconstrucción de la figura del intelectual se ha puesto sobre la picota, en especial para exigirles un compromiso.

“En Sonora hay escritores de todo tipo, me cuesta pensar en luna literatura homogénea, lo que sí creo es que la idea de la literatura ensimismada, que habla consigo mismo y no dialoga con el mundo por miedo a caer en lo panfletario o en lo demagógico está muy arraigado, tanto en Sonora como en México. Detecto que hay mucho miedo a asumir compromisos porque aún se tiene esta concepción que la literatura está en un espacio ajeno al mundo. Esta concepción de torre de marfil está arraigada en el país y reitero: el texto que se pretende apolítico es político. Se confunde político con la política”, explica Caneyada.

Imanol Caneyada, escritor

Desde los albores de lo que llamamos Occidente, con Aristóteles como oráculo, se ha dicho que el ser humano es un animal político. Todo es político.

“La tragedia griega era política. En México, a la literatura la fueron aislando, se convirtió en juego de salón, cultista, que no culta; y que aspira a existir por sí misma. Digamos que es la tradición octaviopacista contra la de José Revueltas, aunque creo que poco a poco se están encontrando nuevas voces comprometidas”, advierte Caneyada.

No es gratuita la mención a dos tótems del mundo literario mexicano. Octavio Paz encarna la figura del intelectual que bordea lo decimonónico: El retrato del intelectual brillante pero que funciona como engranaje del sistema hegemónico, mientras que José Revueltas, encarna el arquetipo de la rebeldía, de cierta horizontalidad, de un espíritu indomable.

“Octavio Paz es la figura del intelectual que pertenece a un tiempo que en México se está acabando. Cada vez son menos y me parece que tiene que ver con el hecho de que ese México que está agonizando,no sabemos hacia dónde va, pero está cambiando”, confesó.


Imanol Caneyada, escritor

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