¿Democracia participativa en México?

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¿Democracia participativa en México?

La democracia participativa en México se pinta como una alternativa utópica.

En los últimos años, el modelo de la democracia representativa-electoral ha entrado en una profunda crisis. Pero, ¿de qué modo se ha conceptualizado la democracia para otorgarles a los ciudadanos un rol más activo que la mera selección de sus representantes a intervalos regulares? ¿De qué modo se ha conceptualizado una democracia más que puramente representativa?

Es bajo esa crisis de la democracia representativa que se han ido sumando dispositivos y mecanismos de participación ciudadana en México.

Pequeños avances

Hay dispositivos de participación ciudadana en Hermosillo como el presupuesto participativo, sin embargo, son ejercicios de muy poco alcance.

Los consejo comunales, consultivos o el presupuesto participativo son dispositivos que se enmarcan como mecanismos top down, porque estamos encausados por las instituciones y gobierno. Estos Top down, generalmente son para influir en el entorno inmediato. El presupuesto participativo es un hito porque se exportó de América Latina a Europa, existe en la legislación local de diversas ciudades, incluida Hermosillo, para renovar el entorno inmediato. Son cosas pequeñas como arreglar alguna calle, servicio eléctrico. Pero quedan hasta ahí, en un impacto inmediato y pequeño pero no incide en el diseño de políticas públicas.

El problema con estos mecanismos de participación ciudadana es que se enfocan en la preocupación del vecino legítimo e inmediato que está despolitizado y no cuenta con el peso de movimientos políticos.

En México, el artículo 39 de la Constitución de 1917 consigna que “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”, a pesar de que no muestra los dispositivos ni las maneras para ejercer su contenido, es, por lo mismo, base de todas las leyes de participación ciudadana en nuestro país, puesto que plantea la posibilidad de que los habitantes tomen decisiones en los ámbitos públicos y políticos que le competen.

No es casual que todas las discusiones sobre el transitar a modelos democráticos más abiertos-sean participativa,deliberativa o radical, como teoriza el intelectual francés Pierre Rosenvallon-, se de en un momento histórico donde la sociedad ha encontrado en la acción directa, una forma de manifestar su desarraigo y desesperanza hacia las figuras políticas que los representa.

Tomar las calles

En la última década, ha habido diversas protestas de toda índole, donde sobresalen las marchas feministas y que han venido a romper el lugar común de que el mexicano no sale a marchar y protestar.

A este tipo de movimientos se les conceptualiza como ‘Participación Negativa’, que no es un adjetivo, y que explica que son movimientos espontáneos que reaccionan o se niegan a ciertas medidas tomadas por el gobierno. La última, por ejemplo, la marcha por El Cárcamo, que busca incidir en que no se venda el terreno. Hay una mayor participación negativista. Esta disociación del pueblo con los representantes ahonda en la crisis de larepresentación que ha generado un hito en occidente. La diferencia con el pasado es que si bien puede que haya más protestas; hay menos organización en cuanto a proyectos en común.

Esto puede explicarse por la fragmentación del mercado laboral, pero también por la fragmentación identitaria de la propia sociedad, como explica el sociólogo Rubén Fonseca.

Democracia elitista

Aún así, México está muy lejos de transitar hacia una democracia participativa. Que existan mecanismos y dispositivos que fomenten el involucramiento de ciertos actores sociales, profundiza en la concepción de una organización civil ilustrada.

Yo veo una democracia elitista. Donde siguen siendo ciudadanos ilustres los que guían y ocupan espacios. Para que hablemos de una verdadera democracia participativa, tendría que haber una ciudadanía de calidad, y eso es utópico en este punto dado que vivimos en un país profundamente desigual y despolitizado, porque para que un ciudadano participe en la vida política de su comunidad, deben estar cubiertas sus necesidades más básicas”.

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