Chile vota a favor de nueva Constitución, se va la neoliberal

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Chile vota a favor de nueva Constitución, se va la neoliberal

Los resultados previos en el conteo de los votos para la instauración de una nueva constitución arrojan que más de dos tercios de la población chilena ha optado por reemplazar la constitución de Augusto Pinochet

Votantes se reúnen en largas filas para votar en el plebiscito para remplazar la constitución actual en el país

La gente hace fila y espera su turno para votar durante un plebiscito que decidirá si el país sudamericano reemplaza su constitución de 40 años, en Santiago de Chile, el domingo 25 de octubre de 2020 AP Foto/Esteban Félix

Chile podría estar por dejar atrás uno de los legados más pungentes del pinochetismo en el país, la Constitución proclamada por la dictadura militar hace más de 40 años, de la cual se señala provienen las profundas desigualdades sociales que causaron las manifestaciones masivas en el país desde hace más de un año.

El plebiscito histórico para reemplazar la Constitución actual, para el cual fueron convocados más de 15 millones de votantes, arroja hasta el momento que de 4.4 millones de votos contabilizados el 77.9% aprueba esta medida, dejando solamente un 22.1% restante en contra.

Los primeros resultados también revelaron que 78.98 % de los sufragios favoreció que la Ley Fundamental sea redactada por 155 ciudadanos electos, opción planteada por la disidencia, frente a un 21.02% que votó porque sea escrita por 172 personas, la mitad electos y la otra mitad de diputados y senadores en ejercicio.

Los chilenos que votaron en el extranjero también dijeron que quieren una nueva Carta Magna. Un 86%.54% voto por el reemplazo y un 13.41% estuvo a favor de mantenerla. Unos 60.000 chilenos sufragaron en 219 mesas de votación en 65 países.

Una pareja se besa en la Plaza Italia después de un plebiscito para decidir si el país debe reemplazar su constitución de hace 40 años, redactada durante la última dictadura militar, en Santiago, Chile, el domingo 25 de octubre de 2020. (AP Foto/Luis Hidalgo)

Tiempos de cambio

En un discurso al país, el presidente centroderechista Sebastián Piñera, que se oponía a una nueva Carta Magna, dijo que “este plebiscito no es el fin. Es el comienzo de un camino, que juntos deberemos recorrer para acordar una nueva constitución para Chile”.

El resultado del referéndum es vinculante, es decir, debe ser acatado.

El plebiscito, que se desarrolló en un ambiente de tranquilidad durante casi toda la jornada, tiene lugar a un año del violento estallido social y las gigantescas protestas subsiguientes contra las profundas desigualdades sociales en Chile que empujaron a un acuerdo político que convocó al referéndum, que se vivió en medio de estrictas medidas sanitarias debido a la pandemia que tiene a Chile con 500 mil contagiados y 13 mil 800 fallecidos.

Empero, al atardecer unos 200 encapuchados se enfrentaban a la policía en la céntrica Plaza Italia. Los manifestantes eran dispersados con gases lacrimógenos y gruesos chorros de agua, pero se volvían a reagrupar. Más tarde, miles de personas empezaron a congregarse con ánimo festivo a la misma plazoleta, escenario de las manifestaciones en la capital chilena.

Un triunfo del “Apruebo” marcaría el inicio de un proceso constituyente que culminaría con un nuevo plebiscito a mediados de 2022 en que los chilenos votarán si aceptan el texto propuesto.

El papel del estado

La decisión democrática de escribir una nueva Constitución pondría en el debate temas como cuál debe ser el papel del Estado en derechos como la salud y la educación. La Ley Fundamental vigente desde 1981 marca diferencias entre la salud pública y privada. Lo mismo sucede en la enseñanza. Además, permitió la privatización del sistema de pensiones, que entrega jubilaciones muy bajas para los que tienen menos dinero.

El modelo económico y social de libre mercado fue mantenido por la oposición de centroizquierda que llegó al poder tras la restauración de la democracia en 1990.

Las principales demandas expresadas en las protestas que siguieron al estallido de hace un año expresaron el descontento de una mayoría con las jubilaciones, la salud y la educación, entre muchas otras. Hasta ese momento Chile era considerado como uno de los países más modernos y prósperos de la región, cuando se desconocía la magnitud del descontento social.

También hace un año era impensable reformar la Constitución legada por la época de Pinochet porque exige 2/3 de los votos (66%) de diputados y senadores, porcentaje que no tienen ni el oficialismo ni la oposición.

Un anciano es asistido por la policía militar y una mujer cuando sale tras votar durante un referéndum para decidir si el país debe reemplazar su constitución de 40 años, en Santiago de Chile, el domingo 25 de octubre de 2020. (Foto AP/Luis Hidalgo)

La oposición unida

La exigencia de la súpermayoría se extiende a otras leyes muy importantes. En Chile el agua puede ser usada por los dueños de los derechos de uso y un intento opositor por transformarla en un bien de uso público fracasó a comienzos de este año porque la oposición no tuvo los 2/3 de los votos. Sí está asegurado el consumo humano.

La oposición buscará enfrentar unida la elección de los constituyentes el 11 de abril de 2021, lo que no logró en la campaña electoral previa al plebiscito. El mismo objetivo perseguirá el oficialismo, que al interior de tres de los cuatro partidos de la alianza gobiernista tuvo sectores que favorecieron cambiar la Constitución.

La nueva Ley Fundamental propuesta por la convención que la redactará deberá ser aprobada o rechazada en un plebiscito con voto obligatorio que será convocado el segundo semestre de 2022.

Si gana el rechazo en el plebiscito del 2022 seguirá vigente la Constitución de la dictadura militar.

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